En Argentina Skull King se instaló como el puente perfecto: más interesante que un party puro, más liviano que un euro. Las tiendas locales suelen tenerlo (o la versión Devir) y eso ayuda: no es un unicornio de importación.
Lo que vemos en clubes es simple: alguien llega tarde, la mesa grande no arranca un pesado, y aparece Skull King. Media hora después hay risas, alguien falló una puja por uno, y piden revancha.
Si todavía no lo tenés en la ludoteca “de salida”, es de los pocos fillers que justifican el espacio en la mochila.